La receta fue clara y concisa. Anton Simanowitz, Fundador del Imp-Act Consortium del Reino Unido y autor del documento de base de la plenaria, señalaba como principales causantes de estos problemas a las Instituciones Microfinancieras: “Existe un fracaso generalizado en el mundo de las IMF a la hora de tener en cuenta las vulnerabilidades de los clientes, a la hora de hacer microfinanzas”, aludió.

 

La mayoría de los clientes de las microfinanzas viven en una situación de vulnerabilidad permanente. Y ante una situación de emergencia “¿Cómo responden la IMF? ¿Se centran en recuperar el dinero o priorizan ayudar al cliente?

Para este autor, las microfinancieras, con su política de tolerancia cero ante el reembolso de los préstamos y su poca flexibilidad y variedad de servicios financieros, provoca que los clientes se sientan acorralados por el acoso y sin posibilidad de reacción ante una situación, que muchas veces escapa de su dominio. “Muchas veces el cliente se encuentran con la imposibilidad de devolver el préstamo debido a una causa inesperada”, como la destrucción de su negocio. Ante esta situación, los ponentes denunciaron la poca flexibilidad de las instituciones para ofrecer soluciones a modo de servicios financieros y no financieros como el ahorro, la educación financiera, los créditos de emergencia…

 

“El acoso”, sobre los clientes que no pueden afrontar los pagos, “es una práctica habitual y no tienen ningún sentido”, sentencia Simanowitz. Con este tipo de prácticas poco éticas se consigue el 100 % de devolución pero “¿a qué precio?”.


La solución viene dad cuando desde las IMF se plantean conocer al cliente. “En la mayoría de los casos en que el cliente se retrasa y no paga es porque está en una situación de emergencia, en una dificultad”. “Hay que conocer pues al clientes y sus necesidades”, añade Tilman Ehrbeck, director ejecutivo de Consultative group to Asist the Poor (CGAP). “Los pobres tienen sueños muy tangibles, y tenemos que saber sus aspiraciones y qué hacen, para  luego poderles ayudar a cumplir sus sueños”.


“La propuesta incluye sentarse con las familias, entender sus obligaciones, y planificar un futuro con ellos en base a gastos, ingresos y situaciones imprevistas”. Y con todo ese conocimiento elaborar nuevos productos y servicios financieros, adaptados a esas necesidades reales de los clientes. En definitiva, ser innovadores y aumentar la oferta de servicios financieros y no financieros para reducir los riesgos a los que están sometidos los clientes. “No se trata de servir mejor a los clientes, sino de crear instituciones más fuertes. Si reducimos el riesgo de los clientes reduciremos el riesgo para las instituciones de microfinanzas”, añade Simanowitz.

 

Por su parte, Roshaneh Zafar, directora general de Kashf Foundation en Pakistan, resaltó que “cuando los clientes tienen problemas graves, dejan de hacer gastos críticos, como la alimentación”. Hay que atender por tanto a las consecuencias que  tiene el endeudamiento excesivo sobre los clientes. “Analizarlas desde su perspectiva”.

Sobre los impactos negativos destaca entre otros el aspecto sociológico, la impotencia, el riesgo perder reputación en su comunidad, la frustración por la posible negación de más financiación… Y finaliza resaltando la educación financiera, la personalización y la flexibilidad de productos  como alguna de las posibles soluciones a este problema.

 

Fabiola Cespedes, coodinadora de Desempeño Social del Foro latinoamericano y del Caribe de Finanzas Rurales (FOROLACFR), centró su intervención en la forma en que las Instituciones Microfinancieras tienen a medir su éxito. “El número de empleados de una empresa o los resultados obtenidos no son criterios adecuados para medir el éxito real de una Institución Microfinanciera, no son criterios útiles para medir el desempeño social”.  

El otro punto de su exposición hizo referencia al establecimiento de tasas de interés desorbitadas: “las tasas deben ser justas y equitativas”. En esa tarea la responsabilidad recae tanto en los gobiernos, como las empresas grandes y en general al conjunto de los actores implicados en las microfinanzas.

 

Antón Simanowitz finalizó su turno de ponencia sentenciando que “Conocer el problema es la mitad de la solución. Poseemos el conocimiento y experiencia necesarias para hacer buenas microfinanzas, lo que queda es saber aplicarlas”.